Inicios en el parapente

Ha sido una linda experiencia iniciarse en este deporte, el cual te abre un nuevo punto de vista, una nueva perspectiva desde la cual experimentar el paisaje, suspendido en el aire, sin gravedad.

Es una mezcla muy bonita porque te permite una mirada global y abierta, de amplias vistas y alcance, y al mismo tiempo, una cierta cercanía con las distintas partes del paisaje, donde soy capaz de ver sus detalles, captar las distintas texturas, el movimiento, haciéndome parte del paisaje como un nuevo habitante del aire.

Éste habitante entra de una manera respetuosa y acorde al orden de la naturaleza, teniendo que entender a cabalidad cómo es que ésta funciona. Comprender el viento, un elemento que muchas veces pasa desapercibido porque no lo podemos ver (aunque siempre he admirado las formas que es capaz de dibujar en el territorio) pero que tiene una tremenda complejidad y requiere de mucha observación y comprensión.

Entran en juego tantas variables como su intensidad, la dirección, el clima, la geografía del lugar, y hay que ser capaz de descifrar las pistas que aparecen, como el tipo de nube, la forma en que están volando las aves, las manchas en el mar y tantísimo más que queda por aprender, pero siempre en armonía con el ritmo natural que nos propone la naturaleza, siguiéndola en su baile.

Y al igual que en la naturaleza se suele volar en bandada, acompañado, donde destaca el compañerismo, el cuidado de unos por otros y la buena onda y disposición de los más experimentados para enseñar.

Fotos de los pilotos Andrea Matus y Sergio Miranda.