Buceando en el Archipiélago de Juan Fernández

Lo primero que impacta al llegar a la isla es su increíble geografía, éstas formaciones de origen volcánico que aparecen en medio del mar haciéndote sentir en una escena prehistórica, mientras aproxima la avioneta al único plano existente en toda la Isla Robinson Crusoe, para luego cruzar en bote al otro extremo de la isla, al poblado de San Juan Bautista. A lo largo de este recorrido pudimos ver cómo la isla va variando desde los más áridos paisajes hasta unos bosques húmedos y frondosos.

Fuimos en una expedición de buceo, a conocer la gran biodoversidad que alberga el archipiélago, y por sobre todo, su gran biomasa, la gran cantidad de vida animal presente. Sumergiéndonos entre la Isla Robinson Crusoe y el islote Santa Clara, nos encontramos con el pulpo de Juan Fernández (Octopus Crusoe), el lobo fino de dos pelos (Arctophoca philippii philippii), langostas, vidriolas, coloridas anémonas, entre tantos otros.  

De las experiencias más emocionantes fue estar rodeada por cardúmenes de miles de peces, envueltos en su ritmo y sincronía, en unas cantidades inimaginables. Y también el buceo con los lobos, animales amistosos y curiosos que te siguen y acompañan durante toda la inmersión, con ganas de jugar.

Esta abundancia es en gran parte por el buen manejo de que se ha logrado en la isla, siendo un ejemplo de sostenibilidad para muchas comunidades marinas. Hace más de 100 años que los pescadores de la isla tomaron medidas para el manejo de la langosta, su principal fuente de ingresos, estableciendo límites de extracción y vedas, junto a sistemas artesanales determinados, igualmente en la pesquería, logrando mantener el equilibrio natural.

Se suma a este manejo, la creación de una serie de Parques Marinos, a partir del año 2014, siguiendo la línea de conservación y protección de ecosistemas.

Fuera del agua también existe una gran biodiversidad, especies endémicas de alto valor como el picaflor de Juan Fernández (Sephanoides fernandensis) y más de 100 especies vegetales, entre las cuales destaca la icónica Palmera Chonta (Juania australis) y la Col de Juan Fernández (Dendroseris litoralis), situando al Archipiélago con una de las tasas más altas de endemismo en el mundo.

Lamentablemente el territorio se ha visto dañado por amenazas como la introducción de especies invasoras (tanto vegetales como animales) y la tala desmedida. Diversas instituciones se encuentran trabajando en esto, como CONAF, con el proyecto Franklinia que busca reforestar, y la Fundación Endémica que busca conservar y promover la investigación científica.

Volvemos con ganas de estar más tiempo en este increíble lugar, con historias de piratas, tesoros escondidos y su impresionante naturaleza. En la próxima visita esperamos llegar hasta la recóndita Isla Alejandro Selkirk.